jueves, 3 de diciembre de 2009

C'est la vie

De repente, lo ves todo claro. Te quedas quieto, en silencio, frunces el ceño y te dices a ti mismo: “¿Cómo no lo había visto?”. Y sonríes. Es como abrir de repente los ojos tras haber dormido 14 horas: descansado, tranquilo, sin sueño. O como salir del agua después de contener la respiración durante dos minutos. O hacer ese examen tan crucial y salir convencido de que sacarás una nota excelente. De repente, el sol brilla más, las calles están más vivas, y parece que la gente con la que te cruzas te dé la enhorabuena con su mirada anónima. ¡Enhorabuena! ¿Quién no ha vivido nunca algún momento así?

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